La verdadera rentabilidad de las inversiones

desecho¿Invierten las empresas correctamente su dinero?

Cambiarle una rueda a un coche resulta una tarea imposible de hacer con solo dos manos. Habría que pedir ayuda a unos cuantos hombres fornidos para poder sostener el coche, soltar las tuercas y volver a colocarlas; el problema es dónde encontrarlos, más aún, estando en medio de la nada.

La angustia creada por esa situación cesa al saber que, por muy poco dinero, se puede comprar un gato y una llave con los que suplir a los musculosos ayudantes. Ahora ya se puede sustituir la rueda en cualquier lugar.

El asunto se complica cuando las ruedas se quedan sin goma y hay que sustituirlas. No ocurre todos los días, pero hacerlo se convierte en una nueva aventura. Lo mejor, llevar el coche a un taller especializado, en donde cuentan con neumáticos, herramientas y experiencia suficiente para hacerlo por un precio razonable.

Algunos talleres lo hacen con herramientas manuales suficientemente precisas; otros, con herramientas eléctricas e hidráulicas, a un precio similar. El usuario, normalmente, optará por el taller con herramientas más modernas. Percibe el valor extra de esperar menos tiempo a resolver su problema.

Introducir herramientas en la ejecución de trabajos supone, en todos estos casos, tener que invertir un dinero, motivado por una o varias de estas razones:

    • Resultan obligadas para poder hacerlos
    • Ahorran tiempo frente a maneras alternativas de hacerlos
    • Estimulan el aumento de las ventas a costa de los competidores; se aprecia más en los trabajos que se hacen a la vista del cliente

Está claro que nadie renuncia a invertir si no tiene otra alternativa o no quiere perder clientela. Pero puede cometer un craso error cuando sólo persigue ahorros de tiempo.

No cabe ninguna duda de que los avances científicos de todo tipo se trasladan a la vida real en forma de aplicaciones que mejoran lo existente hasta la fecha, o añaden nuevas posibilidades de trabajo, otrora impensables. Los beneficios que aportan afectan a dos parámetros clave de la empresa: calidad y productividad.

Los sistemas inteligentes de transporte, los vehículos con menor consumo energético, los sistemas de gestión logística, las etiquetas operadas por señal de radio o los procesos y movimientos automatizados, son claros ejemplos de tecnologías aplicadas a la logística.

Quienes saben trasladar la ciencia a la realidad se dirigen a los usuarios potenciales y les informan de las bondades de sus productos y que, correctamente aplicados, provocan un salto importante en la productividad de sus operaciones. Una demostración práctica disipa cualquier duda al respecto.

Ante la evidencia, algunos deciden el cambio al momento. Otros, un poco más tarde, confiando en asesores con intereses ocultos en la promoción del producto. Las sorpresas pueden llegar cuando la inversión se ha realizado y se pone en marcha lo comprado.

Algunos advierten que el producto responde a las expectativas; sin embargo, los costes de explotación han crecido de manera notable. Tal vez, el producto es muy novedoso y se ha pagado un precio demasiado alto por él; un tiempo más tarde, el producto tendrá un precio menor y el impacto de la inversión en la cuenta de resultados hubiera sido menor. Las empresas con economía precaria lo notan, no así las que no saben qué hacer con el dinero que les sobra, o que les regalan en forma de subvención.

Otras veces, la capacidad operativa que aporta la inversión es excesiva en relación con la necesaria; trabaja muy por debajo del rendimiento que puede llegar a dar. El plazo de recuperación del dinero es muy grande, lo cual quedaría justificado en entornos con voluntad de estabilidad en un larguísimo horizonte temporal. Hoy en día, todo cambia a gran velocidad, siendo harto probable que, poco tiempo después, la inversión realizada se vea superada por otros avances. Antes de invertir, conviene estudiar con mimo en qué se va a poner el dinero, y los efectos de cualesquiera riesgos previsibles. Lamentarse de los errores cometidos no es la solución. Las lecciones aprendidas así son siempre demasiado caras.

Hay quienes se asombran cuando alguien les demuestra que la inversión que han decidido no ha servido para nada después de un tiempo en funcionamiento. Es habitual entre los que no conocen los entresijos operativos de su empresa o no han buscado la opinión del que tiene que convivir con ella. Mientras, los usuarios han tenido paciencia, han trabajado más tiempo y más denodadamente para atender las peticiones de los clientes; después, han dejado de utilizar la inversión y han vuelto a las antiguas costumbres. Ahora aparece el problema de desprenderse de la inversión con unas minusvalías importantes.

Caben más situaciones, todas ellas muy visibles, en las que las inversiones no han reportado los resultados apetecidos. Seguramente, el lector habrá vivido casos similares en su ámbito de trabajo.

Sin embargo, existe una situación que pasa desapercibida y no es tan extraña como pudiera parecer. Les ocurre a ciertas inversiones que responden plenamente a las expectativas depositadas. Allí donde se implantan, se produce una revolución en la forma de operar. Se caracterizan por tener unos plazos de recuperación muy cortos, tal vez demasiado. En realidad son engañosos; muchos se preguntarán los motivos de una afirmación tan radical. La respuesta es sencilla; se ha producido un salto demasiado grande entre la forma de operar antigua y la nueva.

Es como si se pasase de cambiar ruedas de coche con las manos, a hacerlo en un taller con los últimos adelantos, valga la hipérbole. Entre ambas formas de trabajo existen otras opciones intermedias que pueden ser muy interesantes desde el punto de vista de la rentabilidad.

Dentro del campo de los servicios y, particularmente, en la operativa logística, es bastante común encontrarse con inversiones que responden a este patrón. Quien ha invertido no ha tomado la iniciativa de ver opciones alternativas a esa inversión y cuánto dan de si. Al realizar ese ejercicio aparecen varias posibilidades de actuación, que conviene analizar. Siempre hay algunas que con nulo o muy poco esfuerzo inversor dan grandes resultados; no hay que dudar en implantar de inmediato la de máxima relación entre el resultado y el esfuerzo necesario.

Alcanzado este estado, es el momento de evaluar la inversión cuya implantación despierta tanta ilusión. Sin duda, el análisis frente a lo ya implantado arroja plazos de recuperación mayores y valores actuales netos que pueden no justificar lo pretendido. En esta situación, las inadecuadas operativas previas dejan de financiar la inversión pretendida. Así ya se ve de manera más realista el retorno de la inversión y los efectos de los riesgos previsibles. La decisión que se tome tendrá entonces mucho más sentido.

Erase una vez una conocida cadena de distribución de productos de gran consumo. Quería evaluar la idoneidad de implantar un nuevo software de gestión de recursos humanos en sus hipermercados, cuyas ventajas eran evidentes. Los tiempos de las nuevas operativas se estimaron por simulación sobre una versión de demostración del software; los de las actuales, por aplicación del método Loypro en centros representativos.

Los datos reales obtenidos demostraron que los centros habían abandonado los procedimientos de trabajo bendecidos por la dirección; todos habían derivado hacia procedimientos propios, de rendimiento diferente, lo que permitió descubrir el centro más efectivo en cada procedimiento. Una simulación de los tiempos que se emplearían con el procedimiento más efectivo reveló que se podía obtener una reducción media de tiempo del 43 % sobre el papel. El análisis de viabilidad arrojó unos plazos de recuperación bastante superiores a los recomendables para ese tipo de inversión. La decisión tomada fue analizar, perfeccionar, documentar, implantar y vigilar el cumplimiento de los procedimientos actuales más efectivos.

Había un banco de alimentos de una provincia española con un almacén en el que no cabía la mercancía en bastantes ocasiones. Cuando eso ocurría, el caos se adueñaba del almacén, hasta el punto de tener que tirar a la basura mercancía que había caducado allí. Se pensó en incorporar estanterías de desahogo para los excesos de mercancía. Un  avispado colaborador se puso a observar la forma de trabajar y acopió datos. Propuso una batería de cambios en la forma de almacenar y manipular la mercancía, que demostraron que se podían absorber los picos de mercancía con la capacidad existente. Los cubos de basura se quedaron vacíos y hubo que deshacerse de la mayoría. Obviamente, no se compraron estanterías.

No son cuentos, sino algunos de los muchos casos reales que se dan. Como también lo son aquellos en los que sigue siendo interesante invertir tras haber implantado cambios de alto rendimiento con poco esfuerzo.

La mejor valoración de la viabilidad de una inversión se obtiene al compararla contra una alternativa derivada del modo actual de proceder, al que se le introducen cambios que requieren poco esfuerzo y arrojan grandes mejoras.

Si no se puede aplicar esta filosofía por uno mismo, por las razones que sea, conviene dejarse asesorar por un experto independiente en la materia, libre de ataduras e intereses en productos, servicios o empresas concretas. Le dará su mejor consejo, por la cuenta que le trae. Y, también, alguna sorpresa agradable.

Entonces, ¿qué cree lo más recomendable para cambiar las ruedas del coche?

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Acerca de Juan Carlos Viela

Ingeniero Industrial, con más de 30 años de experiencia, la mayoría en operadores logísticos. Profesional independiente, artesano de la logística, que combina consultoría y formación práctica a profesionales de todos los niveles.
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6 respuestas a La verdadera rentabilidad de las inversiones

  1. slin dijo:

    Juan Carlos: excelente manera de estimular el pensamiento… Definitivamente, para cambiar las ruedas del coche recomiendo ir a un taller que cuente con herramientas más modernas y me den un valor agregado. Gracias

  2. Esta web es realmente un paseo a través de toda la información que necesitaba sobre este este tema tan complejo y no sabía a quién preguntar .

  3. Pensar, pensar y pensar. Y hacerlo bien antes de tomar las decisiones. Estoy de acuerdo contigo, Juan Carlos. El papel lo aguanta todo y más si pertenece a alguien que quiere vendernos su producto o servicio. Y, si hay dudas, el consejo del experto que, sin duda, será rentable.

    Un saludo y enhorabuena.

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