Silencio, se duerme

nocheLas poblaciones son seres vivos por cuyas vías transitan personas y vehículos que se dirigen a un lugar para algo. El clima del momento, el día y la hora de la semana les dan un aspecto irrepetible, fruto de una mezcla única de comportamientos conocidos que evolucionan en el tiempo.

Las personas son los artífices y el corazón de las poblaciones, y de lo que sucede en ellas. Han pensado todo para facilitarse la vida en el medio en que se encuentran; se aprecia en la arquitectura y el urbanismo, en donde todo tiene una poderosa razón de ser. Algunas incomodidades del vivir cotidiano se suplen con redes de saneamiento y de suministro de agua, energía y teléfono; de las demás se ocupan otros servicios.

El comercio es uno de los servicios más antiguos. Se imbrica en las poblaciones, les da vida e impulsa la economía. Siempre se renueva con los mejores productos, traídos desde cualquier lugar, y con fórmulas que dan la máxima satisfacción a los clientes. Se instala donde las personas pueden acceder con facilidad.

Las autoridades municipales están cada día más preocupadas por aumentar el bienestar de sus vecinos y hacer de su territorio un lugar más habitable. La industria la ubican en los extrarradios de las poblaciones. Crean zonas peatonales, parques, jardines y otras infraestructuras que inviten a los vecinos a sentirse a gusto fuera de sus casas. Ordenan el tráfico de las personas, pero no ponen tanto interés en el de mercancías, porque eso no luce ni da votos.

Aproximar los productos hasta los aledaños de las poblaciones es fácil. Circular por su interior en las pequeñas, también, no así en las medianas y grandes, donde ha sido siempre un arte reservado a expertos que lo han aprendido de los errores cometidos con la práctica.

La convivencia del transporte de mercancías con el tráfico de personas entorpece los desplazamientos de todos. Aún no se han encontrado soluciones plenamente satisfactorias a los problemas que se presentan cada día pero, poco a poco, se avanza en la dirección correcta.

El abastecimiento del pequeño comercio en el centro de las ciudades supone continuos quebraderos de cabeza para los transportistas, que están obligados a hacerlo de día. Las zonas reservadas para carga y descarga aumentan paulatinamente pero se usan menos de lo deseable. El transportista no quiere perder tiempo trasladando bultos lejos de su vehículo porque ingresa menos dinero y podría quedarse sin trabajo. Cargar y descargar con el vehículo parado en medio de la calzada enerva a los conductores; pierden la calma, hacen sonar las bocinas y molestan al vecindario.

Los clientes finales desean abastecerse con facilidad y vivir en un entorno cómodo y amigable. Los transportistas, realizar su trabajo eficientemente. Encajar los intereses de unos y otros no es nada fácil.

Suministrar al gran comercio y a algunos otros negocios del centro de las ciudades tampoco está exento de problemas. De entrada, los volúmenes demandados y los vehículos que los cargan están en sintonía con el tamaño del punto de venta. Pretender entregarlos en jornada diurna conduce al colapso general. Colapso en el tráfico rodado, por el tamaño del vehículo y por la necesidad de realizar maniobras de paso por lugares estrechos. Colapso en el punto de venta, en donde el trasiego de mercancías incomoda sobremanera a los muchos clientes que van de compras. No queda otra opción que la reposición nocturna de mercancías.

Los talleres de los concesionarios de automóviles que aún quedan en los cascos urbanos se abastecen por la noche. El transportista dispone de una llave de acceso a un recinto vacío (en jerga, buzón) con dos entradas, adyacente al almacén, en donde deposita los repuestos. Los empleados del almacén acceden al recinto a primera hora de la mañana e identifican los materiales; unos pasan a las estanterías y los otros quedan en espera de que los requiera el mecánico.

Los mayores grandes almacenes del país no descansan. Tras cerrar el punto de venta, el mantenimiento y la reposición de género echan a andar. Los vehículos de gran tonelaje van llegando escalonadamente por la noche y, cual Jonás en la ballena, se introducen y son expulsados un rato después. Varios equipos se afanan en descargar la mercancía, clasificarla y colocarla con mimo en la sección a la que corresponde. El punto de venta aparece repleto de mercancía a la mañana siguiente.

Un sistema parecido emplea una de las mayores cadenas de moda del mundo. Saca sus prendas en trailers desde su distante almacén central. Cada camión lleva mercancía de varias tiendas a las que entrega directamente, sin transbordos. Sale del almacén a una hora programada. Atraca a la entrada a la tienda por la noche, en donde espera un equipo que descarga y carga prendas y decorados en un suspiro. Nadie se queja de ruidos y molestias. Después, se distribuye todo por la tienda. A la mañana siguiente, los locales están rebosantes de clientas ansiosas por ver las novedades de la semana o por ver si ha llegado el modelo de su talla que no habían podido comprar antes por haberse agotado.

La distribución moderna de productos de gran consumo es un sector muy dinámico. Las empresas se sitúan en zonas de alto tráfico de personas, unas junto a otras, compitiendo ferozmente por los clientes con surtidos, precios y nuevos formatos. Los hipermercados han tocado techo y se están complementando con grandes supermercados, situados en los centros urbanos y en áreas densamente pobladas. Presentan una amplia oferta, para que los clientes compren en un único sitio sus necesidades urgentes. La carestía de los emplazamientos les empuja a suprimir los almacenes en tienda y a destinar su hipotética superficie a la venta.

Reponer lo vendido entraña dificultades de todo tipo. Lo que compran las tiendas a pequeños proveedores ha de entregarse de día. Los problemas con que se encuentran y la incidencia sobre el tráfico rodado de la ciudad es la misma que tiene cualquier otro transportista de pequeñas cargas. Algunos ayuntamientos han tomado medidas que afectan a la circulación y a la carga y descarga diurnas: plazas temporales de carga y descarga, descargas en horas valle, carriles multiusos, reservas dinámicas de plazas de aparcamiento, miniplataformas urbanas de distribución, y otras.

La cosa cambia al hablar de suministros desde el almacén de la empresa. El volumen de mercancía a reponer es mucho mayor y se ha de abastecer por la noche con vehículos que puedan transitar por calles no muy anchas e impiden el paso de otros vehículos. Su número dependerá de la demanda del día y de los transportes diferenciados precisos.

La noche es una cotilla. Amplifica el ruido de motores, trasiego de mercancía y charlas de las personas. Los vecinos se despiertan, tardan en retomar el sueño y, molestos, se quejan al ayuntamiento. La reposición ha de efectuarse, pues, con otros protocolos, distintos a los seguidos por el día. La empresa tiene que invertir un dinero extra en insonorizar vehículos, transpaletas, jaulas y accesos al punto de venta, señalización luminosa de la descarga, construcción de procedimientos operativos y formación de las personas implicadas para que el ruido emitido cumpla con las ordenanzas municipales y reciba la pertinente autorización administrativa.

Las ventajas de estas prácticas superan ampliamente los inconvenientes. La empresa recupera rápidamente su inversión, gracias a que:

  • Puede emplear vehículos de mayores dimensiones
  • Reduce los tiempos de distribución
  • El gasto en combustible baja notablemente
  • Necesita menos flota para la misma cantidad de mercancía a entregar
  • Incurre en menores costes operativos
  • Los vehículos no son sancionados

Los ciudadanos también salen ganando con el cambio, porque:

  • Inhalan menos aire contaminado
  • El tráfico se vuelve más fluido en horas punta
  • Tardan menos tiempo en sus desplazamientos
  • El ruido diurno de fondo disminuye
  • Las molestias e interferencias en las aceras se reducen, y
  • Tienen a su disposición todo el surtido del establecimiento a la hora de apertura

Un gremio ocupaba una zona de la ciudad en la Edad Media. La costumbre pervive hoy en día en el comercio. Los competidores directos se sitúan uno junto a otro en la misma calle. Cada uno se abastece a la hora de la noche que más le conviene, que no es la que causa menos molestias a los vecinos. A pesar de cumplir con las normas, las autoridades no les permiten la descarga si no la efectúan a la vez, en atención al bienestar del ciudadano. Están obligados, pues, a colaborar entre si y abastecer a sus puntos de venta a la misma hora, lo que exige una compenetración diaria entre ambos, que arranca en los puntos de partida de los vehículos, plasmada en:

  • Sincronización de la llegada a las inmediaciones de los puntos de descarga
  • Comunicación directa e inmediata entre vehículos en caso de incidencias en la aproximación al lugar de entrega o en el aparcamiento
  • Coordinación y distribución de tareas en la señalización que se precise efectuar
  • Seguimiento de los mismos procedimientos en las operaciones de calle.

Esta manera de actuar ya es una realidad en varias ciudades españolas. Los comercios afectados han ampliado los servicios a sus clientes por la imposición de las autoridades, que no por voluntad propia.

La colaboración en la distribución física entre empresas competidoras admite otras fórmulas mutuamente beneficiosas, sin menoscabo de su secreto profesional. Se resisten a implantarlas porque mantienen prejuicios del pasado y temen perder su independencia. Las tonterías se acaban cuando los clientes ponen en jaque a la cuenta de resultados.

JPIsla

Artículo escrito al alimón con Javier Pérez de Isla, Director en JPIsla Logística y experto en distribución urbana de mercancías, con varios proyectos implantados en importantes poblaciones. javier@jpisla.es

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Acerca de Juan Carlos Viela

Ingeniero Industrial, con más de 30 años de experiencia, la mayoría en operadores logísticos. Profesional independiente, artesano de la logística, que combina consultoría y formación práctica a profesionales de todos los niveles.
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7 respuestas a Silencio, se duerme

  1. Como mientras esto pasa estamos dormidos, no somos conscientes; y despiertos tampoco, salvo que tengas que lidiar con ellos para mantener tu negocio.

  2. Justo en eso de insonorizar traspaletas estoy yo ahora. Y se nos quejan los vecinos… en pleno polígono industrial. ¿Quién le manda a nadie vivir en un polígono industrial y luego quejarse de ruidos? Pues sí, ocurre.

  3. Covadonga dijo:

    Muy buena combinación de la práctica con la didáctica. Os envía la ENHORABUENA una experta en Logística.

  4. Hay que preservar el sueño de las personas porque es importante estar bien descansando para trabajar correctamente. Si la solución es que se deban insonorizar las plataformas elevadoras habrá que hacerlo. No se puede optimizar los beneficios y no dejarte algo de dinero en ello.

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