Queridos Reyes Magos

 

reyesEste año os escribo mi carta mucho antes que de costumbre. Quiero que la leáis vosotros mismos, ahora que, seguramente, no tenéis tanto trabajo.

Lo que sé de vosotros es de oídas, por personas a quienes también se lo han contado. Dicen que a vuestro remoto reino de Oriente no ha ido casi nadie en muchísimo tiempo. Los que conocían el camino no viven para indicárnoslo.

Cuentan, también, que pasáis la mayor parte del año infundiendo rectos valores a las personas, como preparación de lo que ansiáis hacer en vuestro día: llevar felicidad a todos, acompañada de regalos.

Admiro vuestra forma de trabajar. No sé cómo lo hacéis pero, por lo que veo todos los años, aún no hay casi nadie que haya sido capaz de, ni siquiera, igualarla en su conjunto.

Recibís todas las cartas que os envían. Ninguna se pierde en el camino. Sabéis cómo transportarlas en cualquier momento para que todas lleguen a tiempo, incluso las que os escriben en el último instante. ¿Qué servicio de correos es capaz de llevar tantas cartas, tan lejos y en tan poco tiempo como vosotros?. Ninguno.

¿Ha llegado internet a Oriente?. ¡Qué pregunta más estúpida!. Ahora me acuerdo de que el año pasado ya lo teníais montado. Así recibís las cartas casi a la velocidad de la luz.

Me asombra vuestra capacidad para poner en marcha todo un sistema logístico efímero para cubrir los deseos de millones de personas, manifestados en un amplísimo abanico de regalos. Adaptarse a los gustos de las personas, que cambian de un año a otro, tiene que ser francamente difícil. Pero veo que eso lo resolvísteis hace muchísimos años. Incluso adivináis los olvidos en las cartas. ¡Qué maravilla! Por aquí se han creado unos métodos sofisticadísimos de predicción de la demanda. Son muy buenos, todo hay que decirlo, pero no aciertan tanto como los vuestros.

¿Qué decir de la fabricación, el transporte y la entrega de los regalos que os han pedido?

Imagino que lo más parecido a lo que hacéis es lo que en nuestro mundo se llama Gestión de la Cadena de Suministro, en la que la filosofía Lean está integrada a la perfección. No concibo otra forma de actuar que no venga dada por proveedores que responden a vuestras demandas en tiempos insignificantes y, además, os hacen entregas perfectas en material, cantidad y calidad. Doy por hecho que los procesos de producción en vuestras fábricas son tremendamente eficientes, están sincronizados y no hay material parado en fuera de los puestos de trabajo Nuestra industria, en general, lo tiene asimilado, pero todavía no alcanza cotas cercanas a la perfección.

¿Habéis descubierto la tecnología de construcción de almacenes con paredes de goma?. Los picos exagerados de existencias nos dan muchísimos quebraderos de cabeza a los de esta parte del mundo, y perjudican nuestra eficiencia en el trabajo.

Estoy seguro de que aprovecháis nuestro descanso para traernos todos los regalos que os hemos pedido, incluído el carbón dulce, por rutas sin atascos, con medios capaces de llegar a nuestra propia casa en el día de partida y colocar los regalos junto a nuestros zapatos. Me maravilla que sepáis dónde dejar aquellos regalos que no han cabido en el sitio que hemos reservado. Y lo mejor, que casi todos quedan muy satisfechos con lo recibido. Es rarísimo que alguien no quiera algo; aún así, tenéis montado un sistema de logística inversa en el que todo lo que entra tiene utilidad.

Todos los días se están haciendo esfuerzos por acercarse a lo que vosotros habéis logrado hace mucho tiempo. Se está poniendo mucho énfasis en acortar los tiempos de entrega de las mercancías pedidas. Así, algunos dicen haber implantado una fórmula en sus almacenes, por la que saben de antemano los pedidos que recibirán al día siguiente, junto con su contenido. Eso les permite organizarse para trabajar sin pérdidas de tiempo, programar la salida de los vehículos de transporte y lograr que las mercancías lleguen antes a su destino. Han recibido algunos premios que se me antojan menores para las importantísimas consecuencias que trae.

Se está probando una nueva vía para reducir tiempos de procesamiento en grandes almacenes. Consiste en llevar consigo un terminal inalámbrico móvil, con el que poder acceder a todas las aplicaciones. En definitiva, tener la oficina en la mano. Los gurús afirman que esperan ganancias de productividad de hasta el 40 %, algo perfectamente posible si en todo el almacén se trabaja de forma inadecuada. Tal vez, su predicción habría sido más acertada si hubieran empleado la clásica bola de cristal.

Otros han puesto al día vuestra manera de hacer las cosas, con la diferencia de que no regalan nada, sino que lo cobran. Antes se conocía como venta a distancia; ahora le llaman comercio electrónico. Intentan que sus clientes perciban que actúan como lo hacéis vosotros. Sitúan pedidos preparados anónimos cerca de zonas en donde, mediante el análisis computacional de ingentes cantidades de datos, creen que alguien los comprará, con la idea de entregárselos muy pronto. Es muy probable que, pasado un tiempo, unos cuantos de esos pedidos tengan que regresar a su origen.

Mentes avispadas han soslayado el problema, mediante conciertos con minoristas de zonas determinadas, a quienes compran ciertos productos en condiciones ventajosas, cada vez que reciben un pedido de un cliente. La entrega la efectúa una empresa de mensajería en el mismo día, muy acostumbrada a prestar ese tipo de servicios. Este avance tan grande, al parecer, no lo es tanto. Los negocios de comida a domicilio llevan años entregando platos calientes poco tiempo después. Los mayoristas farmacéuticos sitúan las medicinas más extrañas en las oficinas de farmacia en medio día desde siempre, y otros negocios también responden en tiempos muy cortos. El rescate del servicio a domicilio del pequeño comercio está al caer. Muy pronto, si no lo han hecho ya, crearán su tienda virtual, una réplica de su puesto de venta que permite al cliente comprar y recibir los productos en su casa. Ante la duda, siempre podrá pasar por el comercio a ver con sus propios ojos el producto que desea y conocer a quien está detrás de su compra, para lo bueno y lo malo. Majestades, algunos comerciantes ya os superan porque están al lado del receptor, solo por eso y nada más.

La irrupción de zánganos, pequeños aviones no tripulados, está causando furor en la sociedad. Todos los días nacen nuevos usos, entre los que destaca la entrega de paquetes en cualquier lugar. Sin duda, obvian los problemas del transporte terrestre, incluída la disponibilidad del conductor a horas intempestivas, gastan menos tiempo en transportar y, además, pueden adaptarse al horario que el destinatario les marca. Quien tuvo esta brillante idea no cayó en la cuenta de que no pueden posarse en todas las terrazas, ni entrar por las ventanas, ni que roban el envío por dejarlo en un lugar poco seguro. Todo esto lo tenéis resuelto con elegancia y maestría, igual que los dabbawalas de Bombay.

No me extrañaría que su fundador hubiera hablado con vosotros a finales del siglo XIX; Bombay no debe quedar muy lejos de vuestro reino. Es el mejor operativo de distribución física y logística inversa que conozco. Tiene lo que muchos desearían para un servicio: bueno, bonito y barato. Me descubro ante tal prodigio de inteligencia y perfección, creado por y para personas analfabetas.

Todos los días, a media mañana, los dabbawalas pasan por los hogares de sus clientes a recoger las tarteras con las viandas recién preparadas que, a mediodía, comerán calientes en sus trabajos. Los códigos que llevan pintadas dan toda la información que se necesita, ni más, ni menos. Tras la recogida, los grupos de tarteras se transportan hacia puntos de transbordo y, desde allí, al puesto de trabajo del cliente, a quien se le entrega en mano y en hora. Saben perfectamente cuáles son las rutas óptimas y los medios de transporte adecuados dentro de la marabunta de una ciudad de 20 millones de habitantes que no para de crecer. Un rato después vuelven a visitar a sus clientes, recogen las tarteras vacías y las entregan en sus casas a media tarde. No hay quien iguale la cantidad de entregas que realiza cada hombre, ni la puntualidad, ni los errores cometidos. No tienen ninguna certificación ISO. ¡Ni falta que les hace!. Simplemente, hacen su trabajo con unos niveles de desempeño al límite de la perfección, combinados con una serie de valores. No tienen procedimientos escritos, ni indicadores de medida, ni planes de contingencia. ¡Tampoco los necesitan!. Los llevan grabados a fuego en sus mentes.

Admiradas Majestades: Al parecer, hay mucha gente que no os conoce y, si os conoce, os ignora. Miran a su alrededor para ver cómo los demás gestionan sus cadenas de suministro. Pelean denodadamente por alcanzar la cabeza y sacar toda la ventaja posible a sus rivales en una carrera que no tiene fin. Toman referencias de otros que compiten en su misma categoría, en lugar de miraros a vosotros y aspirar a la máxima categoría, en la que ocupáis un lugar de honor.

Tengo el vicio de comparar las partes de una cadena de suministro en funcionamiento contra vuestra manera de ejecutarla. Estoy convencido de que tras vuestro trabajo hay magia, mucha magia.

Creo que os he quitado demasiado tiempo con esta carta, más que el que hubiérais empleado en preparar mis regalos. Para compensar, este año solo os pido que guardéis con celo vuestros secretos mágicos y que seáis nuestra guía, como la estrella del cielo fue la vuestra hace más de dos mil años.

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Acerca de Juan Carlos Viela

Ingeniero Industrial, con más de 30 años de experiencia, la mayoría en operadores logísticos. Profesional independiente, artesano de la logística, que combina consultoría y formación práctica a profesionales de todos los niveles.
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11 respuestas a Queridos Reyes Magos

  1. Genial el artículo; el arte de la magia en la logística.
    Saludos.

  2. Derribar tópicos es arriesgado a veces. Pero merece la pena. Nunca me gustaron. Así que, ¡enhorabuena!

  3. jiperier dijo:

    Reblogueó esto en EnClave RETAIL; blog de José Ignacio Periery comentado:
    Magnífica “Carta a los Reyes Magos”

  4. Pedro dijo:

    Genial artículo, ¡enhorabuena! Esperemos que este año me traigan trabajo, si es posible.
    Un saludo.

  5. Oscar Cruz dijo:

    Magnífico artículo, Don Melchor Viela…

  6. Adolfo Vion dijo:

    ¡Excelente!

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