No es para eso I/II

Estos cubiertos, creados por la diseñadora de objetos incómodos Katerina Kamprani, no son herramientas que ayuden a comer. El grosor de la cuchara es similar al fondo del plato sopero. Así es difícil que el caldo entre en la cazoleta. El cuchillo, más que una sierra, es una trituradora de cuanto encuentra debajo. No hay forma de recoger las migas que deja. El tenedor solo puede ayudar al cuchillo porque semejantes dientes son incapaces de pinchar nada. A buen seguro, causarían extrañeza como instrumentos de percusión, pero su sonido encajaría muy bien en ciertas piezas musicales. Pensando un poco, se les podría encontrar otros usos en los que darían muy buen juego.

La población del mundo no deja de crecer. Los demógrafos auguran que, en pocas décadas, la población urbana superará a la rural. Las megalópolis y sus problemas se habrán consolidado en el mundo. El microclima de las grandes ciudades, fruto de su localización y de la acción de sus habitantes, será una especialidad de la meteorología, en donde la calidad del aire tendrá tanta o más importancia que la temperatura o las precipitaciones.

La contaminación urbana proviene, en gran medida, de los gases que emite la quema de combustibles en calderas o automóviles convencionales. El aire viciado es fuente de enfermedades de la población y trae funestas consecuencias. Los días de alta polución afectan a la DUM (Distribución Urbana de Mercancías), dado que, en la actualidad, se apoya en vehículos propulsados por motores de combustión, los cuales están sometidos a restricciones de circulación en dichas fechas.

DUM y calidad del aire

Algunas empresas han visto un problema en esto y, con financiación externa, se han lanzado a crear programas informáticos que ayuden a que la DUM opere con éxito en días de alta contaminación. Aseguran que estas herramientas servirán, entre otras aplicaciones, para que las empresas de transporte replanteen sus rutas de reparto y recogida de antemano y, así, garanticen los servicios sin incidencias. Su uso conduce, sin duda, hacia una logística optimizada, más sostenible y competitiva.

Por lo poco que se conoce, estos programas se apoyan en una miríada de datos reales, sometidos a modelos físico-estadísticos, con los que se elaboran pronósticos de contaminación a corto y cortísimo plazo. Es de suponer que su fiabilidad disminuye con la lejanía del plazo de previsión, tal como ocurre con los modelos meteorológicos. Los pronósticos se comunican regularmente a sus dueños y abonados a los programas, para que puedan elaborar sus planes de tráfico para una fecha próxima determinada.

Utilidades

  • Este tipo de herramienta no tiene encaje en las actividades con plazos de entrega en el mismo día, menos aún, si la contaminación de ese día es alta. Sirvan como ejemplos la entrega en casa de productos de gran consumo, las telecompras con plazo de entrega de una hora o menos, como es la comida a domicilio. El demandante quiere el producto sin demora; le importan poco los niveles de contaminación. Es muy poco probable que el vendedor tenga otras opciones de ruta que no sea la entrega directa del pedido al cliente. El uso de motocicletas impide el reparto en días de alta contaminación, por lo que el vendedor optará por alternativas de transporte si no quiere quedarse sin clientes ni reputación. La solución al problema no es una herramienta como ésta, sino los vehículos no contaminantes: los eléctricos, los dotados de pila de hidrógeno, los impulsados por fabes y sidrina o cualquier combinación de ellos.
  • Los mercados centrales congregan, de madrugada, en las afueras de las ciudades, a multitud de minoristas en busca del género que diariamente, horas más tarde, pondrán a la venta. Una herramienta de este estilo puede ser muy útil para el pequeño minorista de la ciudad, ya que puede conocer lo que se le avecina con unos días de antelación. El comerciante se encuentra ante un dilema en vísperas de días de alta contaminación, en los que no podrá mover su vehículo de motor de combustión. Si no se abastece, corre el riesgo de no tener nada que vender. Si opta por comprar, la acumulación repentina de demanda dispara los precios de los productos y compra menos de lo previsto. En todo caso, la persistencia de la contaminación, la limitación de su espacio de almacenamiento o la corta vida de los productos le abocan a quedarse sin oferta. Suscribirse al servicio que preste una herramienta de este tipo puede serle útil para manejar su negocio en fechas previas a las de alerta por contaminación, pero no impide cerrar su negocio unos días después, si el tiempo no mejora.

Huelga decir que un mercado central o un almacén de proximidad dentro de una urbe, quedarían colapsados rápidamente, por no admitir la entrada de vehículos con mercancías.

  • Ciertos sectores, como la distribución de bebidas en hostelería o la autoventa de alimentación, tienen un serio problema con el aire viciado. El área geográfica de clientes se suele batir con una flota fija que efectúa rutas planificadas a lugares que apenas cambian. Estas herramientas tienen su utilidad en los pronósticos para el horizonte más lejano. Al menor síntoma de alarma por contaminación, se avisa a los clientes del peligro en ciernes. Es como un aviso de una huelga de transporte en una fecha concreta. El distribuidor aprovecha al máximo la capacidad de sus vehículos y el tiempo disponible. Trabaja con afán hasta la fecha en que se dispara la alarma. Si puede, emplea horas extras, todo para que sus clientes pasen el mínimo tiempo desabastecidos; razonablemente, no puede hacer más. Mientras persiste el peligro contaminante, el distribuidor queda paralizado. Lo peor es que sus clientes se queden sin mercancía y tengan que cerrar su negocio hasta que vengan tiempos mejores. Los costes de prevención de este riesgo aumentan frente a los incurridos en circunstancias normales, puesto que hay unas horas extras incurridas y unos costes fijos que no desaparecen en ausencia de actividad.
  • El transporte de paquetería es el que más se deja ver por las calles de las urbes. Vehículos de pequeña y mediana capacidad transitan por áreas que se les han asignado desde una base de operaciones cercana a la ciudad. Recogen y entregan mercancías en nubes de puntos, distintas de un día a otro. Las empresas pueden pronosticar el trabajo de los próximos días, pero no sabrán quién les remite la mercancía, dónde la tienen que entregar y en qué fecha límite. Los avisos que estas herramientas dan a las paqueteras sirven de muy poco, menos aún, cuando los tiempos de transporte al destinatario son muy breves.

Ante el menor atisbo de alta contaminación en el futuro inmediato en una ciudad, una empresa podría enviar un mensaje a sus clientes, avisándoles de lo que se avecina y del riesgo de no entregar a tiempo sus mercancías. Además, les ruega que no le den pedidos para entregar en las fechas críticas.

Los clientes comprensivos aceptan el aviso como una fuerza mayor. Los menos bondadosos argumentan que han pactado unos precios y plazos de servicio, y unas penalizaciones que están dispuestos a aplicar en caso de incumplimiento, porque es el servicio que les exigen sus clientes. Si la mercancía no les llega en plazo, las quejas en cadena, la reclamación de daños y perjuicios y la compra a sus competidores no se hacen esperar.

Los pequeños clientes solicitan al transportista que les retenga la mercancía en sus instalaciones, porque no tienen espacio en sus almacenes ni están preparados para servir selectivamente a sus clientes. Quien lo acepta sabe que se enfrenta a problemas añadidos en su operativa, que pueden derivar en el colapso de sus puntos de transbordo, porque está demostrado que como mejor está la mercancía es en movimiento.

Continúa en Entonces, ¿qué es para eso?II/II

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Acerca de Juan Carlos Viela

Ingeniero Industrial, con más de 30 años de experiencia, la mayoría en operadores logísticos. Profesional independiente, artesano de la logística, que combina consultoría y formación práctica a profesionales de todos los niveles.
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