Camino del descenso

Los equipos de fútbol que, a falta de pocas jornadas para que acabe el campeonato, caen inesperadamente en los puestos de descenso, confirman al entrenador en su puesto. Es la señal de que se encuentran en busca de un colega en paro que le sustituya, sirva de revulsivo para la plantilla y evite el temido fatal desenlace en el último minuto de juego.

Todos los años, y desde hace muchos, se repite la cantinela.

Esta historia tiene bastante en común con la sucedida hace veinticinco años en Trinitrotolueno. El protagonista: la logística de un conocido club de la primera división empresarial, en horas bajas y a punto de desaparecer por su mala gestión económica y sus pésimos resultados deportivos.

El nuevo entrenador se presenta poco después de haber rescindido el contrato a su antecesor. Cuenta con un historial deslumbrante. Trae consigo años de experiencia, ha pasado por dos de las mejores escuelas de entrenadores (una nacional y otra extranjera) y hasta hace poco formaba parte del cuerpo técnico de uno de los equipos de la liga nacional que todos los años aspira a ganar el campeonato.

Los jugadores se quedan embelesados con el primer discurso del nuevo entrenador, lleno de halagos y de buenos propósitos. Les transmite que esa plantilla no ocupa el lugar que merece en la clasificación. Debería estar más arriba y asegura que el equipo sobrevivirá con el esfuerzo, la profesionalidad y el compromiso de todos.

La presión sobre el técnico llega a extremos insoportables desde que firma su contrato. Se le está pidiendo que tome decisiones inmediatas que corten la racha negativa del equipo en el siguiente partido. Todos están seguros de que ha de introducir un cambio radical en el juego, en la confianza de que, a nuevo entrenador, victoria segura, como confirman las estadísticas. Sin esperar a nada ni observar la realidad, decide migrar hacia el sistema de juego de su anterior equipo; allí había dado unos resultados excelentes y no había razón para que no los diera en éste. El primer paso es implantar el flujo tenso en los almacenes. Una decisión de ese calado no se materializa en un santiamén. No se repara en si hay recursos para hacerla posible ya o en qué hacer con la mercancía almacenada que deja de estarlo. Conforme se intentan tensar los flujos, se ven los escollos que los destensan. Primer partido perdido.

El planteamiento para el segundo partido cambia. Hay que encontrar un sistema con el que ganar partidos. Opta por instaurar un servicio excelente a los clientes: todos reciben mercancía todos los días. Tiene la gran ventaja de que las roturas de stock se pueden subsanar más rápidamente. Comienza el partido. El primer día, el almacén finaliza más tarde su trabajo, el reparto se retrasa y los vehículos salen menos ocupados. Ya se sabe que los cambios generan ineficiencias cuando echan a andar, y los resultados empiezan a verse unos días después, cuando se ha cogido el tranquillo. Esta vez, la historia se sigue repitiendo en días posteriores. Ya se va perdiendo el segundo partido. El sistema no vale. Las razones son muy simples. El almacén tiene que preparar todos los días tantos pedidos como clientes hay, es decir, más de los que se preparaban antes del cambio. En un escenario de demanda total constante, cuanto menor es el tamaño de un pedido, mayores son el tiempo y el coste unitario de preparación. El transporte también se resiente, pues las distancias que recorren los camiones aumentan notablemente en un escenario de entrega diaria a todos los clientes, lo que obliga a disponer de más vehículos de menor capacidad para cubrir satisfactoriamente la demanda.

El entrenador insiste en mantener la táctica, sin adaptar los recursos, aun cuando la tensión con la afición no cesa de crecer. La presión por acabar a tiempo en el almacén se transforma en un aumento de las bajas del personal por ataques de estrés. Esa misma presión se traslada al transporte para que todos los clientes queden servidos en plazo. Como no se consigue, las respuestas son una reducción de clientes, fugas de transportistas en cascada y un esfuerzo adicional para encontrarles sustitutos.

Continuar más tiempo con la decisión está suponiendo un notable aumento de costes logísticos y de imagen para la empresa. El partido termina con una escandalosa goleada.

Un periodista deportivo se acerca al entrenador y le pregunta por la marcha del equipo.

  • Es cierto que hemos cosechado un par de derrotas, motivadas porque estamos en pleno proceso de adaptación a un nuevo sistema de juego. Es lógico que en los primeros tiempos se vean desajustes. Vamos a corregirlos con trabajo y más trabajo. Confiamos en que los resultados van a llegar en los próximos partidos, porque vemos que el equipo está mejorando día a día. Pedimos disculpas a la afición por estos malos resultados y esperamos recompensarle con la ansiada permanencia, por la que estamos luchando con arrojo y sin descanso.

El mismo periodista se cita un día después con un miembro de la plantilla, que pide no revelar su identidad por temor a represalias. Le pregunta por la marcha del equipo con el nuevo entrenador.

  • Esto que voy a decir recoge el pensamiento de la mayoría de los jugadores. Todos recibimos al nuevo entrenador con mucha ilusión, porque venía de uno de los mejores equipos del continente. Necesitábamos una figura que transmitiera su sabiduría al grupo y le ayudara a salir del pozo. Después de haber jugado estos dos partidos, nos sentimos decepcionados. Hemos encontrado a un brillante y simpático aspirante a entrenador, no al técnico que ansiábamos.

Completa su reportaje con breves sondeos entre profesionales locales del balón. Todos piensan que hay que estar dentro del equipo para conocer las razones que han impulsado las decisiones del entrenador que, contempladas desde fuera, carecen de lógica. También creen que, vistos los resultados, hubiera sido mejor meditar las decisiones algo más antes de ponerlas en práctica. Seguramente se habría arrancado un poco más tarde, a la velocidad de la luz, pero se hubieran logrado mejores resultados y con menos coste. Las opiniones se dividen cuando se trata de pronosticar si el equipo se salvará del descenso; depende del estado de ánimo del entrevistado.

Acerca de Juan Carlos Viela

Ingeniero Industrial, con más de 30 años de experiencia, la mayoría en operadores logísticos. Profesional independiente, artesano de la logística, que combina consultoría y formación práctica a profesionales de todos los niveles.
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