¡Cuidado con el perro!

Empezar desde cero y conseguir una posición en lo alto de la pirámide de la empresa no es nada fácil. Los que lo han logrado son, en general, personas inteligentes, pero con carencias formativas. No es de extrañar, pues han aprendido todo en la práctica. Las cotas que han alcanzado son fruto de sus méritos y, a veces, de algo más.

Más de uno se ha cruzado con alguno de ellos en su vida profesional. Todos responden a patrones muy similares. Son personas con un nivel cultural medio. Nadie les ha puesto las cosas fáciles y han tenido que pelear lo indecible para llegar a donde están. Son duros y resistentes a los ataques de otros, como los de los jóvenes que aspiran a derrocar al macho alfa de la manada. Posiblemente hayan dejado algún cadáver por el camino. Tienen el colmillo retorcido y la rara habilidad de ver por dónde puede fallar cualquier proposición que les hagan con aspecto de buena.

Han llegado al punto en que no conocen la derrota. Unas veces ganan sus peleas, otras no acaban siendo derrotados y conservan su posición. La última pelea se zanja siempre con derrota; mueren intentando matar.

Se ponen muy nerviosos y agresivos cuando otros que no son sus jefes les descubren errores serios en su gestión. Carecen de argumentos para rebatir los del contrario. Se limitan a decir que ellos están en lo cierto, o a dar explicaciones que no tienen nada que ver con el tema tratado, o a hablar mucho tiempo para impedir la réplica del oponente. Intentan convencer al de enfrente y a su propia corte de que nadie sabe más del tema que él. Y si alguien de los suyos osa no seguirle, tiene sus días contados. No se atreven a llevar a sus jefes determinados problemas, pues temen que se irriten y pierdan la confianza que habían depositado en ellos. Lo malo de esto es que, cuando el problema crece y estalla, no se libran del golpe que un puño de hierro cubierto con guante de seda les asesta en la cara.

La formación que no han recibido les impide, muchas veces, conocer las últimas causas de los problemas que les toca resolver, así como relacionar los acontecimientos. Actúan porque saben cómo se soluciona un problema conocido. Si es nuevo, se decantan por realizar tantas pruebas como sea necesario para resolverlo. La exitosa pasa a su catálogo de soluciones; la aplicarán la próxima vez que se repita el problema.

Todos conocemos a alguno de esos personajes que no permiten que nadie les haga sombra en la empresa. Hemos tratado con ellos y hemos tenido que dar cuentas a alguno. No son para tenerlos por modelo.

A todos se nos ve el plumero en la empresa, pero nadie nos lo describe.

 

Acerca de Juan Carlos Viela

Ingeniero Industrial, con más de 30 años de experiencia, la mayoría en operadores logísticos. Profesional independiente, artesano de la logística, que combina consultoría y formación práctica a profesionales de todos los niveles.
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