Pan Demia I/II

Erase una vez un joven que emigró del campo a Madrid. Trajo consigo una pequeña maleta con sus pocas pertenencias, un oficio e ingentes cantidades de ilusión y ganas de prosperar. Pronto encontró trabajo como panadero, la profesión que había aprendido de su abuela. Unos años después vio la oportunidad de independizarse. Montó su propia panadería en un local de barrio que había estado muerto durante largo tiempo. La bautizó con el nombre Pan de mi Abuela, en honor al exquisito pan natural que le enseñó a hacer. Empezó elaborando el pan que las familias consumen a diario y el de su abuela. Su manera de trabajar y el trato personal le hacían ganar clientes día a día. Estos le habían cambiado el nombre al negocio y éste se tomó el de la clientela. El rótulo del local rezaba ahora Pan Demia, un nombre castizo, premonitorio de lo que le sucedería en el futuro.

Visto el éxito del negocio, optó por abrir un despacho en otro barrio cercano. El seguía fabricando en el primer local y desde allí repartía al despacho. Todos los días había pan recién hecho a primera hora de la mañana, para poder comerlo tierno a la hora del recreo del colegio o del descanso en el trabajo. Al primer despacho le siguieron algunos más en otros barrios. El negocio iba muy bien con los dos tipos de pan que se vendían. El fundador contrata a su primer comercial para hacer llegar el Pan Demia a todas las panaderías de la provincia a primera hora de la mañana.

La empresa tiene que cambiar. El fundador traslada la producción a una gran nave en Coslada. Pronto se percata de que tiene una flota de reparto a la que puede sacar más partido. Adapta la nave para producir otras 3 variedades más de pan de mucho consumo. No se queda contento con este salto y quiere más. Monta un servicio a domicilio de pan, con o sin diario, a entregar a primera hora de la mañana. Sus ansias de crecer no conocen obstáculos y no para de dar vueltas a nuevas ideas con las que ampliar su negocio.

Los alrededores de la distribución

Pan Demia posee un servicio de atención al cliente con el que se comunica con todos sus abonados, ya sean particulares o panaderías. Está disponible todos los días. Cada cliente tiene registrado un patrón de demanda semanal, pero puede modificarlo cuantas veces quiera con una llamada de teléfono o un correo electrónico, antes de las 21 horas. Este servicio también se hace cargo de las altas, bajas y reclamaciones de clientes.

La planificación de rutas es una tarea sencilla. Las rutas se mantienen casi fijas la mayor parte del año. Se construyen nuevas rutas para las épocas de vacaciones. Las altas se convierten en paradas que se añaden la ruta que pasa por el punto más próximo al que se incorpora; las bajas se retiran de la ruta a la que pertenecían. Se efectúan replanteos, excepcionalmente, cuando se percibe que una ruta está sobrecargada de entregas.

El reparto se cubre con furgonetas contratadas que trabajan durante 5 días a la semana a razón de 5 horas diarias. La demanda se reduce durante las vacaciones y las rutas se rehacen, se da descanso a parte de la flota y se contratan furgonetas temporalmente.

Si un conductor no va a acudir un día a repartir, por la razón que sea, debe avisar de ello antes de las 22 horas, a fin de poder contactar con alguien que libre ese día y le pueda sustituir.

El reparto a domicilio

Poco después de medianoche, durante 363 días al año, un camión sale a cubrir una ruta de recogida de periódicos por las imprentas de los cuatro principales diarios nacionales. Las cantidades a recoger varían ligeramente de un día a otro y se comunican con antelación a las imprentas. Las ediciones digitales están mermando poco a poco la entrega de periódicos y empieza a ser habitual la entrega sin prensa.

Buzonpan

Las primeras unidades de cada tipo de pan se reservan para el reparto a domicilio. Se intenta conseguir que esté disponible al tiempo que llega la prensa, algo que ocurre entre las 2:00 y las 3:30 de la madrugada.

Este servicio se organiza con 120 rutas fijas de reparto, cubiertas por 168 furgonetas.

Dos horas antes de la llegada de los conductores se comienzan a imprimir las etiquetas de entrega de los periódicos (según la ruta de reparto y la secuencia de entregas) y las hojas de ruta de los vehículos. En ese intervalo, la línea de producción entrega los panes a la distribución, quien efectúa una primera clasificación por zona de reparto, y una segunda por ruta. La plantilla asignada al reparto domiciliario consta de 1 jefe, 4 encargados y 11 empleados, trabajando 5 días por semana.

Existe un bloque de 12 mesas de manipulación, justo junto al muelle de carga de los vehículos. Allí se preparan panes y periódicos de cada ruta.

Los primeros conductores en llegar distribuyen a los puntos más lejanos. Cada uno toma su hoja de reparto, las etiquetas de entrega y el manojo de llaves de su ruta. Se dirige al lugar en donde se encuentra toda la mercancía que tiene que entregar. La traslada a una mesa libre. Elabora un juego (de panes o de panes y periódico) que introduce en una o varias bolsas de papel, guiándose por la hoja de ruta. Coloca una etiqueta adhesiva en cada bolsa. Las bolsas se colocan en un cestón, siguiendo el orden inverso al de entrega. Terminada la tarea, se cargan los cestones en el vehículo y se emprende el reparto con ayuda de la hoja de ruta y el juego de llaves. A continuación entra el primer conductor en espera y repite la operativa. Un conductor tarda, por término medio, diez minutos en realizar toda esta tarea. El último vehículo sale a repartir a las 4:30 de la madrugada, en el mejor de los casos; en el peor, a las 5:00.

La hoja de ruta marca la secuencia de entrega en cada punto. Al llegar a cada destinatario, el conductor toma las bolsas etiquetadas y, ayudándose de las llaves que porta, deposita el encargo en un lugar convenido: puerta de entrada a la vivienda o buzón externo. La secuencia de entregas que sigue no le hace perder tiempo en busca de productos. Cuando acaba la última entrega, se dirige a la base, en donde entrega las llaves y la hoja de ruta con la reseña de las incidencias que haya tenido en el reparto.

La entrega en despachos

Los panes salen de la línea de producción colocados en cestones. El personal de reparto los lleva a un área adyacente de acumulación, en donde se clasifican por tipo de pan.

Dos horas antes de la llegada de los conductores se inicia la impresión de dos tandas de documentos. Cada una cubre la mitad de las rutas y consta de tantos juegos duplicados de documentos como rutas de entrega haya. Un juego se compone de una hoja de ruta para el vehículo y los albaranes de las entregas a efectuar, según la secuencia de descargas prevista. Se entrega un juego al transportista y el otro se destina a preparar los pedidos.

Un empleado toma un juego de la tanda que corresponde, y comienza a preparar los pedidos de la ruta de uno en uno, con ayuda del albarán de entrega. Imprime las etiquetas adhesivas que cree necesitará para los cestones que ocupe el pedido que va a comenzar y toma su transpaleta manual. Coloca una etiqueta en un cestón y deposita los que quepan en la transpaleta, se desplaza por el área de acumulación y le carga las unidades pedidas. Si necesita más cestones para completar el pedido, aparta los cestones cargados y continúa con los nuevos. Cuando se termina el pedido, numera las etiquetas con los bultos del pedido, apila los cestones en la transpaleta y los traslada al punto de carga de la ruta. Allí deja la hoja de ruta, junto al manojo de llaves de los puntos de entrega que se dejaron la madrugada anterior.

La plantilla asignada a este reparto consta de 1 jefe, 5 encargados y 46 empleados, trabajando 5 días por semana. La aglomeración de personas durante la preparación de los pedidos de las panaderías es importante.

Panaderia

Pan Demia tiene establecidas 85 rutas fijas de reparto, que cubre con 119 furgonetas. La primera mitad de vehículos termina de salir a repartir a eso de las 4:15 de la madrugada; la otra mitad, a las 5:30. Obviamente, los primeros en partir son los que van más lejos. El conductor llega al primer punto de descarga. Si está abierto, entrega los cestones al destinatario, junto con el albarán de la mercancía. El transportista lleva los cestones a pulso o arrastrados por el suelo con ayuda de un gancho de mano. Si el punto de entrega está cerrado, lo abre con la llave que está en el manojo. En ambas situaciones, recoge los cestones vacíos del día anterior y las unidades devueltas. Rellena un impreso de devolución; deja una copia al destinatario y otra la adjunta a la mercancía devuelta. Este proceso se repite tantas veces como paradas contiene la ruta. Al final de la ruta, regresa al punto de carga a primera hora de la mañana y descarga los cestones vacíos y las unidades devueltas.

Un equipo compuesto por un encargado y 4 empleados se hace cargo del tratamiento de las devoluciones. Comprueban cantidades contra documentos, introducen la información en el sistema contable y dejan que endurezcan las unidades durante un par de días. Más adelante, se aprovecharán en forma de pan rallado, picatostes asados y migas, que se venden a las tiendas de alimentación, fuera de este circuito de entregas.

Continúa en Pan Demia II/II

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